Te pienso de noche, claro. Te pienso de día, al despertar, al salir a correr, al bañarme entre agua y espuma. Me sorprendo recordando tu voz cuando debería escuchar las palabras de alguien más. Te extraño al comer sola.
Tú estás aquí, junto a mi, pero alejado. Cada vez más lejos. Te acercas y te vas. Yo recuerdo los besos que te he dado, el tono de la piel de tu espalda, la dureza de tu torso, tu abdomen y los pliegues de tu piel que descubro de nuevo cada vez.
Tú no piensas en mi, no recuerdas nada, no sientes nada. Vienes y te vas y sigues tu vida como si nada. Sabes que necesito que me quieras, que me necesites, y no te importa. No es que no te interese, es que ni siquiera te permites considerarlo. Tú cubres necesidades básicas y más no me buscas, no me piensas más.
Yo imagino lo que podrías ser y lo busco en tu frialdad y dureza. Imagino palabras dulces entre tu voz indiferente, imagino caricias en el toque de tus manos, me veo reflejada en tus ojos negros impenetrables.
Serías tan feliz conmigo si fueras el hombre que imagino, que quiero creer que eres tras ese muro que construyes y que me haces creer que derribo poco a poco. Tan lentamente. Eres como un niño que juega a las escondidas. Me tocas en el hombro y corres a esconderte. Yo te busco incansable, desesperada. Tú sólo me miras de lejos y ríes, luego te vas.
Ya te dije, no te quiero tanto a ti como lo que creo que serías conmigo, que podría hacerte ser, que sé que no será.
miércoles, 5 de octubre de 2011
domingo, 11 de septiembre de 2011
viernes, 9 de septiembre de 2011
sin hogar
No tengo refugio, ni techo, ni ventana por donde mirar el amanecer.
Vivo entre las sombras, aferrándome a cualquier partícula de luz, abrasada por chispas de fuegos fríos que queman pero no dan calor y me dejan más sumida en la oscuridad, con llagas sangrantes.
Dicen que vendrá la luz, que me envolverá toda y guardará mis sueños con su calor.
Dicen que vendrá, aunque quizá después del invierno, después de muchos invernos.
Dicen que vendrá, que no debo apresurarla.
Pero me han prometido tantas cosas otros labios más dulces, otros ojos más profundos, otros brazos más fuertes, otra voz más suave. Todos del mismo cuerpo, uno solo, actuando por la misma alma. Y yo me dí, me dí tanto tiempo, con tanta intensidad y fuerza. Me quedé vacía de él y llena amor, sin nadie a quien darlo, sin nadie a quien le importe. Me quedé habitando un cuerpo vacío, sin calor, sin luz, sin fuerza. Y el camino de qué sirve si en él sólo encuentro otros que me drenan, toman esa intensidad y fuerza y la pisotean, dejando mi cuerpo más maltrecho... ya no puedo brillar a través de él.
¿Si yo no tengo mi propia luz cómo vas a encontrarme?
¿Dónde estás?
¿Existes? ¿Por qué me dejas sola en la sombras?
Será que lo único que siempre tendré es la oscuridad. Su frío me lleva sujeta por los antebrazos...
Vivo entre las sombras, aferrándome a cualquier partícula de luz, abrasada por chispas de fuegos fríos que queman pero no dan calor y me dejan más sumida en la oscuridad, con llagas sangrantes.
Dicen que vendrá la luz, que me envolverá toda y guardará mis sueños con su calor.
Dicen que vendrá, aunque quizá después del invierno, después de muchos invernos.
Dicen que vendrá, que no debo apresurarla.
Pero me han prometido tantas cosas otros labios más dulces, otros ojos más profundos, otros brazos más fuertes, otra voz más suave. Todos del mismo cuerpo, uno solo, actuando por la misma alma. Y yo me dí, me dí tanto tiempo, con tanta intensidad y fuerza. Me quedé vacía de él y llena amor, sin nadie a quien darlo, sin nadie a quien le importe. Me quedé habitando un cuerpo vacío, sin calor, sin luz, sin fuerza. Y el camino de qué sirve si en él sólo encuentro otros que me drenan, toman esa intensidad y fuerza y la pisotean, dejando mi cuerpo más maltrecho... ya no puedo brillar a través de él.
¿Si yo no tengo mi propia luz cómo vas a encontrarme?
¿Dónde estás?
¿Existes? ¿Por qué me dejas sola en la sombras?
Será que lo único que siempre tendré es la oscuridad. Su frío me lleva sujeta por los antebrazos...
viernes, 2 de septiembre de 2011
Dolor
De repente deja de doler todo el tiempo. Se transforma el dolor como pasa el verano, el calor, la humedad. Se va y aún se queda grabado más adentro de la piel. Así, como las cicatrices, cuando vuelve el calor pica y no queda más que rascarse hasta que se inflama de nuevo, hasta que queda rojo y, a veces, hasta que vuelve a sangrar.
Pero hasta podría decir que ya no duele, que cuando pienso en ti, si trato de desdibujarte pronto ya casi no se siente nada.
Pero hasta podría decir que ya no duele, que cuando pienso en ti, si trato de desdibujarte pronto ya casi no se siente nada.
domingo, 28 de agosto de 2011
Bicicleta
En mi bici voy sola, más sola que cuando camino, que cuando me encierro en mi cuarto y trato de no pensar en ti. En la bici fui contigo siempre sin que estuvieras nunca. Los caminos recorridos fueron caminos donde te buscaba en paisajes que creí que verías y que compartía contigo siendo una misma alma en lugares lejanos. No concretaste esa alma ni esos paisajes y esa bici se quedó rodando sola, conmigo arriba en un equilibrio incierto, sobre dos ruedas que llevan mi alma desgarrada y tan sola recorriendo caminos que ya no me hablan como entonces.
Los caminos recorridos en esa bici me hablan del abandono, de la pérdida, de lo que creo que tengo y no llego a abrazar nunca. No hay nada en el camino más que el movimiento, el rápido correr, el circular de las piernas, la tensión en los músculos, el sudor en la espalda. Si me detengo, caigo. De nuevo. Y, ¿cómo volver a empezar con las rodillas raspadas y quemadas por el roce con el pavimento, con la carne al rojo vivo, los golpes en las costillas, la mano torcida, los labios sangrantes? De nuevo.
Sigo el camino cantándome a mi misma, balanceandome entre curvas y cuestas, descensos, llanos donde el viento se desliza en mi y alivia el calor. Hacia el frente está el río y más allá el mar, donde, dicen, podré darme un descanso.
lunes, 15 de agosto de 2011
La volvió a recordar años después. Al principio, en la última vez que se vieron, no pudo soportar su mirada y buscó pretextos para huir. Ella lo acariciaba mientrás él se balanceaba sobre ella. Lo tomaba con ambas manos y entre gemidos lo miraba fijo a los ojos. Se paseaba de uno a otro con esos ojos grandes de mirada profunda y clara. Lo miraba buscando sin encontrar. Él se retraía, se ocultaba aún mirándola tratando de concentrarse en el balanceo, pero esa mirada lo ponía al borde de la caída.
Tras ese día no pudo volver a llamarla. Ella lo buscó una vez pero el no respondió y ella lo olvidó. Olvidó sus besos y su mirada vacía, sus ojos negros como pequeños estanques. Olvidó sus palabras y su urgencia. Olvidó la forma de su cara. Sólo recordaba fragmentos de su cuerpo que volvían entre sueños algunas noches. Al princpio tan claros y tangibles y luego cada vez más lejanos, confundidos con las pieles de otros hombres reales e imaginarios. Él nunca fue el río que prometió ser, ni se dejó inundar por el mar de ella. Se borraron los nombres, las palabras y los besos.
A él regreso el recuerdo de esa piel y esos labios de un sabor diferente. Tan lejanos tras el silencio. El silencio construye muros. El tiempo borra el pasado o lo marca en la piel.
Tras ese día no pudo volver a llamarla. Ella lo buscó una vez pero el no respondió y ella lo olvidó. Olvidó sus besos y su mirada vacía, sus ojos negros como pequeños estanques. Olvidó sus palabras y su urgencia. Olvidó la forma de su cara. Sólo recordaba fragmentos de su cuerpo que volvían entre sueños algunas noches. Al princpio tan claros y tangibles y luego cada vez más lejanos, confundidos con las pieles de otros hombres reales e imaginarios. Él nunca fue el río que prometió ser, ni se dejó inundar por el mar de ella. Se borraron los nombres, las palabras y los besos.
A él regreso el recuerdo de esa piel y esos labios de un sabor diferente. Tan lejanos tras el silencio. El silencio construye muros. El tiempo borra el pasado o lo marca en la piel.
lunes, 1 de agosto de 2011
Carta a mi misma, con tinta morada
Te encuentras cada noche pensando, pensando como siempre. Aquella pequeña mujer con quien redescubres la simpleza y dulzura de la amistad te dice que eres de color morado, dulce y linda pero con un lado atormentado por tanto pensar, por tanto complicarte tu misma. Ese mismo día en la noche te sientas en la soledad de tu cuarto y tras terminar con los deberes del día comienzas a sentir esa punzada en la boca del estómago. Cuestionas todo, lo que hiciste, lo que no hiciste, por qué lo hiciste, qué pasará, qué pruebas harás para encontrarte en tus propios errores, buscarte castigos por ser tú, buscar razones para llamarte estúpida, encontrar formas de hallarte en mares de arrepentimiento inncesario.
Siempre sabes que sólo eres tú quien no puede perdonarse, quien no puede seguir adelante. Y buscas de donde asirte cuando todo lo sientes igual de huidizo e inseguro que tú. Te metes en corrientes inciertas que te hacen caer y te culpas de esas caídas, te culpas a ti también de las no caidas, tan desamparada en tus pensamientos.
Si todo lo pudieras pensar menos, pensarlo más simple, hundirte en las corrientes y dejarlas acariciar tus costados, mojar tu cabello, lavar tus penas y dejarte llevar. Siempre vas en contra, te detienes a ver el camino recorrido y el sendero por venir. No fluyes, no te mueves suavemente. En especial de noche, ves ojos de cocodrilos acechando en cada corriente, sientes su piel áspera rozar tus piernas, tus manos, rodearte y emboscarte sin que pase nada hasta que llega el nuevo amanecer.
Buscas alguien que te cuide de esos predadores que al final son tú misma. ¿Qué no logras conciliar dentro de ti? ¿Qué no logras armar y erigir? Nadie va a venir a salvarte. No hay nadie mirando de lejos deseando espantar esos demonios.
Lidia con la noche con palabras. No tragues la ansiedad. Estás sola y tienes muchas noches y días más para aprender a vivir con eso. Deja ya de buscar.
Siempre sabes que sólo eres tú quien no puede perdonarse, quien no puede seguir adelante. Y buscas de donde asirte cuando todo lo sientes igual de huidizo e inseguro que tú. Te metes en corrientes inciertas que te hacen caer y te culpas de esas caídas, te culpas a ti también de las no caidas, tan desamparada en tus pensamientos.
Si todo lo pudieras pensar menos, pensarlo más simple, hundirte en las corrientes y dejarlas acariciar tus costados, mojar tu cabello, lavar tus penas y dejarte llevar. Siempre vas en contra, te detienes a ver el camino recorrido y el sendero por venir. No fluyes, no te mueves suavemente. En especial de noche, ves ojos de cocodrilos acechando en cada corriente, sientes su piel áspera rozar tus piernas, tus manos, rodearte y emboscarte sin que pase nada hasta que llega el nuevo amanecer.
Buscas alguien que te cuide de esos predadores que al final son tú misma. ¿Qué no logras conciliar dentro de ti? ¿Qué no logras armar y erigir? Nadie va a venir a salvarte. No hay nadie mirando de lejos deseando espantar esos demonios.
Lidia con la noche con palabras. No tragues la ansiedad. Estás sola y tienes muchas noches y días más para aprender a vivir con eso. Deja ya de buscar.
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