Caminamos por las calles oscuras en una madrugada de invierno. Yo no te tomé del brazo, tú me tomaste a mí como un pequeño. Caminé de prisa contigo evadiendo al hombre que te seguía a ti, que quería meterse contigo en la cama pero que rechazaste porque sólo buscaba eso y tú querías más. Bajamos las escaleras del metro y él se quedó tras los torniquetes mirándote como quien deja ir al amor de su vida, al ángel que descubrió por casualidad en un bar lleno de gente extraña donde todos buscan y ofrecen y vienen y van. Todos menos tú, inseguro y solo.
Yo también te conocí meses atrás en un bar lleno de gente extraña donde algunos bailaban y otros buscaban. Yo sólo bailaba hasta que te vi. Cuando al fin dejé de buscar apareciste alto y espléndido, magnífico. Sólo verte fue mi recompensa por haber sufrido, por haber llorado tanto. Tantas veces llamé. Apenas te vi me dije convencida que al fin mi llamado había llegado a ti, cuando al fin el llanto había cesado y sólo soltaba ligeros sollozos de vez en vez. Quise hundirme en tus brazos y sanar en tu piel, siguiendo tu respiración, buscando tus miradas. Te quise desde el principio en que sólo verte me hacía temblar como niña y con el temblor sacudía las tristezas, la oscuridad de mi rostro, la dureza de mi mirada. Viniste como una ola de luz, de fuerza, de agua que sanó todo y me hizo la persona que siempre quise ser, que pensé que sería para ti. Y me dediqué a ti desde el principio. Fui leal, perseverante, paciente, intensa y alocada. Fui lo que quería ser para ti, para quien merecía todo eso, mi fuerza, mi voz, mis palabras, mi tiempo. Fui todo lo que soy, lo que había querido ser. Fui todo.
Pero no pude ser todo para ti. Quise ser alma contigo y fui cuerpo, un cuerpo de mujer. Fui tan mujer que acabé siendo quien cuidaba de ti siendo yo la que buscaba el solaz. Yo fui lo que soy, lo que quise ser y tú jamás querrás eso en este cuerpo. No somos almas aquí. Somos los brazos, las piernas, los labios, los ojos, el busto o el tórax, falo o matriz. Yo no soy lo que tú buscas en esos cuerpos que buscan y ofrecen y vienen y van. Yo soy todo y no lo podrás ver nunca en este cuerpo que habito.
Lo sé desde que me hablaste a mi como sólo habías hablado a poquísimas personas. Y hablaste con el miedo de haber perdido a una o dos por nada más que ser tú en este cuerpo, en este rol. Y desde aquella conversación que fue como la primera del mundo te asiste a mi brazo y me pediste que tomara el tuyo y fuimos dos almas lado a lado conociéndose. Pero yo no quería ser sólo un alma contigo, quería el fuego del cuerpo y la explosión que anticipaba con sólo verte. Aún la anticipo esperando quee poco a poco se desvanezca.
Esperando en el andén del metro comenzaste a hablar de ti y de tu historia. Tú tampoco eres sólo alma, no mientras estemos en este mundo y entre esta gente. Tú no puedes ser quien eres frente a todos pero lo eres conmigo. En este país sólo conmigo. Y entonces hablaste de quien te ha herido, de la soledad y los remordimientos, de fallarte a ti y de fallarle a otros. Y hablaste de las lágrimas que han corrido mientras dejabas caer más. Yo te miré entonces como quien deja ir al amor de su vida y te abracé como al amigo más cercano, al de las palabras más claras, al de los secretos más profundos.
Al amanecer llegamos a mi casa y dormiste en mi cama tranquilo y dulce. A mi lado, tan cerca, tan lejos.
sábado, 17 de diciembre de 2011
domingo, 4 de diciembre de 2011
Día de cielo claro
A inicios del invierno trataré de protegerme del frío en ti. Hoy te buscaré entre la gente y diré las palabras impronunciables del miedo. Tú no dices nada pero tu cuerpo me llama, tu cama está vacía y yo estoy plena de todo y todo está envuelto en el mejor paquete cual regalo inesperado, dulce y doloroso a la vez.
Mis soles vuelven a brillar desde que llegaste a mi. ¿Vendrán a mí hoy su calor en este cielo claro?
Mis soles vuelven a brillar desde que llegaste a mi. ¿Vendrán a mí hoy su calor en este cielo claro?
jueves, 17 de noviembre de 2011
El mar
Te conocí el Día de la Independencia a miles de kilómetros de mi país y del tuyo, donde la distancia nos hace libres aunque sigamos atados al pasado. Estabas hermoso, alto, sonriente como yo no había estado nunca. Tú no me diste ni una mirada y pensé que no volvería a verte más. Pero no fue así.
Nos unieron el destino y las personas y mi ángel de la guarda. Me hiciste adoptarte y yo comencé a protegerte con todo el amor que no salía, que me dolía dentro del cuerpo atrapado sin nadie que lo hiciera brotar por los ojos, por la voz, por las manos, por los poros que exudan mi perfume de verano cada vez que estás o que no estás pero te pienso. Te dejé acurrucarte como cachorro huérfano, buscando calor en mi compañía.
Yo anhelaba el río que me llevara al mar entre desiertos y aguas turbias en estanques sin fondo. Contigo me deslicé en el aire, entre nubes y montañas, más allá de las espinas de las vegetación hasta la arena del mar que raspó mi cuerpo llevándose las costras de heridas que hasta ahora no habían logrdo sanar.
Te descubrí como el mar, claro y calmo, profundo y turbulento a la vez. Mojando mis pies en el agua en la costa busco tus profundidades, los remolinos, los abismos, la marea alta. Tú eres todo eso y yo quiero tirarme en ti, sin barco, sin salvavidas, sabiendo apenas nadar en mar abierto, con el miedo de ahogarme que guardo de viejos accidentes. Y si me ahogo quiero ahogarme en ti, en esa agua que va del turquesa al negro, en la incertidumbre de tus olas, en la calma eterna de los horizontes donde no hay nada más que tú. Beber de tu agua aunque me lleve a la locura.
Comencé a nadarte ya con los ojos, antes del amanecer. Espero las primeras señales del sol para hundirme en ti, dejarte que me envuelvas.
Nos unieron el destino y las personas y mi ángel de la guarda. Me hiciste adoptarte y yo comencé a protegerte con todo el amor que no salía, que me dolía dentro del cuerpo atrapado sin nadie que lo hiciera brotar por los ojos, por la voz, por las manos, por los poros que exudan mi perfume de verano cada vez que estás o que no estás pero te pienso. Te dejé acurrucarte como cachorro huérfano, buscando calor en mi compañía.
Yo anhelaba el río que me llevara al mar entre desiertos y aguas turbias en estanques sin fondo. Contigo me deslicé en el aire, entre nubes y montañas, más allá de las espinas de las vegetación hasta la arena del mar que raspó mi cuerpo llevándose las costras de heridas que hasta ahora no habían logrdo sanar.
Te descubrí como el mar, claro y calmo, profundo y turbulento a la vez. Mojando mis pies en el agua en la costa busco tus profundidades, los remolinos, los abismos, la marea alta. Tú eres todo eso y yo quiero tirarme en ti, sin barco, sin salvavidas, sabiendo apenas nadar en mar abierto, con el miedo de ahogarme que guardo de viejos accidentes. Y si me ahogo quiero ahogarme en ti, en esa agua que va del turquesa al negro, en la incertidumbre de tus olas, en la calma eterna de los horizontes donde no hay nada más que tú. Beber de tu agua aunque me lleve a la locura.
Comencé a nadarte ya con los ojos, antes del amanecer. Espero las primeras señales del sol para hundirme en ti, dejarte que me envuelvas.
miércoles, 5 de octubre de 2011
Te pienso de noche, claro. Te pienso de día, al despertar, al salir a correr, al bañarme entre agua y espuma. Me sorprendo recordando tu voz cuando debería escuchar las palabras de alguien más. Te extraño al comer sola.
Tú estás aquí, junto a mi, pero alejado. Cada vez más lejos. Te acercas y te vas. Yo recuerdo los besos que te he dado, el tono de la piel de tu espalda, la dureza de tu torso, tu abdomen y los pliegues de tu piel que descubro de nuevo cada vez.
Tú no piensas en mi, no recuerdas nada, no sientes nada. Vienes y te vas y sigues tu vida como si nada. Sabes que necesito que me quieras, que me necesites, y no te importa. No es que no te interese, es que ni siquiera te permites considerarlo. Tú cubres necesidades básicas y más no me buscas, no me piensas más.
Yo imagino lo que podrías ser y lo busco en tu frialdad y dureza. Imagino palabras dulces entre tu voz indiferente, imagino caricias en el toque de tus manos, me veo reflejada en tus ojos negros impenetrables.
Serías tan feliz conmigo si fueras el hombre que imagino, que quiero creer que eres tras ese muro que construyes y que me haces creer que derribo poco a poco. Tan lentamente. Eres como un niño que juega a las escondidas. Me tocas en el hombro y corres a esconderte. Yo te busco incansable, desesperada. Tú sólo me miras de lejos y ríes, luego te vas.
Ya te dije, no te quiero tanto a ti como lo que creo que serías conmigo, que podría hacerte ser, que sé que no será.
Tú estás aquí, junto a mi, pero alejado. Cada vez más lejos. Te acercas y te vas. Yo recuerdo los besos que te he dado, el tono de la piel de tu espalda, la dureza de tu torso, tu abdomen y los pliegues de tu piel que descubro de nuevo cada vez.
Tú no piensas en mi, no recuerdas nada, no sientes nada. Vienes y te vas y sigues tu vida como si nada. Sabes que necesito que me quieras, que me necesites, y no te importa. No es que no te interese, es que ni siquiera te permites considerarlo. Tú cubres necesidades básicas y más no me buscas, no me piensas más.
Yo imagino lo que podrías ser y lo busco en tu frialdad y dureza. Imagino palabras dulces entre tu voz indiferente, imagino caricias en el toque de tus manos, me veo reflejada en tus ojos negros impenetrables.
Serías tan feliz conmigo si fueras el hombre que imagino, que quiero creer que eres tras ese muro que construyes y que me haces creer que derribo poco a poco. Tan lentamente. Eres como un niño que juega a las escondidas. Me tocas en el hombro y corres a esconderte. Yo te busco incansable, desesperada. Tú sólo me miras de lejos y ríes, luego te vas.
Ya te dije, no te quiero tanto a ti como lo que creo que serías conmigo, que podría hacerte ser, que sé que no será.
domingo, 11 de septiembre de 2011
viernes, 9 de septiembre de 2011
sin hogar
No tengo refugio, ni techo, ni ventana por donde mirar el amanecer.
Vivo entre las sombras, aferrándome a cualquier partícula de luz, abrasada por chispas de fuegos fríos que queman pero no dan calor y me dejan más sumida en la oscuridad, con llagas sangrantes.
Dicen que vendrá la luz, que me envolverá toda y guardará mis sueños con su calor.
Dicen que vendrá, aunque quizá después del invierno, después de muchos invernos.
Dicen que vendrá, que no debo apresurarla.
Pero me han prometido tantas cosas otros labios más dulces, otros ojos más profundos, otros brazos más fuertes, otra voz más suave. Todos del mismo cuerpo, uno solo, actuando por la misma alma. Y yo me dí, me dí tanto tiempo, con tanta intensidad y fuerza. Me quedé vacía de él y llena amor, sin nadie a quien darlo, sin nadie a quien le importe. Me quedé habitando un cuerpo vacío, sin calor, sin luz, sin fuerza. Y el camino de qué sirve si en él sólo encuentro otros que me drenan, toman esa intensidad y fuerza y la pisotean, dejando mi cuerpo más maltrecho... ya no puedo brillar a través de él.
¿Si yo no tengo mi propia luz cómo vas a encontrarme?
¿Dónde estás?
¿Existes? ¿Por qué me dejas sola en la sombras?
Será que lo único que siempre tendré es la oscuridad. Su frío me lleva sujeta por los antebrazos...
Vivo entre las sombras, aferrándome a cualquier partícula de luz, abrasada por chispas de fuegos fríos que queman pero no dan calor y me dejan más sumida en la oscuridad, con llagas sangrantes.
Dicen que vendrá la luz, que me envolverá toda y guardará mis sueños con su calor.
Dicen que vendrá, aunque quizá después del invierno, después de muchos invernos.
Dicen que vendrá, que no debo apresurarla.
Pero me han prometido tantas cosas otros labios más dulces, otros ojos más profundos, otros brazos más fuertes, otra voz más suave. Todos del mismo cuerpo, uno solo, actuando por la misma alma. Y yo me dí, me dí tanto tiempo, con tanta intensidad y fuerza. Me quedé vacía de él y llena amor, sin nadie a quien darlo, sin nadie a quien le importe. Me quedé habitando un cuerpo vacío, sin calor, sin luz, sin fuerza. Y el camino de qué sirve si en él sólo encuentro otros que me drenan, toman esa intensidad y fuerza y la pisotean, dejando mi cuerpo más maltrecho... ya no puedo brillar a través de él.
¿Si yo no tengo mi propia luz cómo vas a encontrarme?
¿Dónde estás?
¿Existes? ¿Por qué me dejas sola en la sombras?
Será que lo único que siempre tendré es la oscuridad. Su frío me lleva sujeta por los antebrazos...
viernes, 2 de septiembre de 2011
Dolor
De repente deja de doler todo el tiempo. Se transforma el dolor como pasa el verano, el calor, la humedad. Se va y aún se queda grabado más adentro de la piel. Así, como las cicatrices, cuando vuelve el calor pica y no queda más que rascarse hasta que se inflama de nuevo, hasta que queda rojo y, a veces, hasta que vuelve a sangrar.
Pero hasta podría decir que ya no duele, que cuando pienso en ti, si trato de desdibujarte pronto ya casi no se siente nada.
Pero hasta podría decir que ya no duele, que cuando pienso en ti, si trato de desdibujarte pronto ya casi no se siente nada.
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